Farinelli y Felipe V

Hace unos días, paseando por nuestro querido parque del Retiro, me vino  a la memoria la figura de Carlo Broschi y su relación con Madrid y los propios jardines. Quizá por este nombre no sea muy reconocido pero si digo Farinelli, todo cambia.

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Farinelli

Farinelli nació en Andría, Nápoles, en 1705 y fue una verdadera estrella del bel canto de la época. También conocido por Il castrato, su extraordinaria voz, técnica y coloratura hicieron enloquecer a todas las cortes de Europa.

El famoso compositor Johann Joachim Quantz tuvo oportunidad de oírlo en Milán y escribió lo siguiente:

Farinelli tenía una voz de soprano penetrante, completa, rica, luminosa y bien modulada, con un rango en ese momento desde La debajo de Do medio a Re tres octavas por encima de Do medio… Su entonación era pura, su vibración maravillosa, su control de la respiración extraordinario y su garganta muy ágil, por lo que cantó los intervalos más amplios rápidamente y con la mayor de las facilidades y seguridad. Los pasajes de la obra y todo tipo de melismas no representaron dificultades para él. En la invención de ornamentación libre en el adagio fue muy fértil.

Pese a recibir generosísimas ofertas de todos los reyes coetáneos, sería el primer Borbón  español, Felipe V, el que disfrutaría durante un largo período de tiempo de su insuperable arte.

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Viaje a España

Estamos en Londres en 1737; Farinelli llevaba residiendo tres años en la capital británica cuando recibió una misiva de la reina y esposa de Felipe V, Isabel de Farnesio. En ella la soberana le pide venir a España durante unos días para mitigar con su canto la supuesta melancolía que padecía su real marido.

A pesar de que las posibilidades de que Farinelli aceptara se contaban como escasas, aceptó y viajó a Madrid previo paso por la corte francesa de Luis XV.

Llegado ya a nuestro país, empleó su voz para cumplir los deseos de Isabel de Farnesio con el fin de curar al rey Felipe V de su depresión melancólica.

Cuentan que su a llegada cantó cuatro arias desde la antecámara real y el rey no reaccionaba. A la cuarta el rey hizo entrar al gran Broschi y le dijo: “¿Qué pides por cantarme así todas las noches?”. Farinelli le respondió: “Que su majestad se levante de la cama, se afeite, se vista y cumpla sus deberes de rey”. A la mañana siguiente Felipe V estaba en pie después de años sin levantarse.

Tanto encandiló al monarca que  le ganó una extraordinaria influencia en Felipe V y este no solo acabaría dándole poder, sino el nombre oficial de primer ministro. Farinelli era lo suficientemente sabio y modesto como para usar ese poder discretamente. Se cuenta que estaba secretamente enamorado de una chica de la nobleza, de la cual no se sabe el nombre completo, solo sus iniciales: S.I.L. Residió en un palacio que mandó construir en Aranjuez, el Palacio de Farinelli.

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Tanto encandiló al monarca que  le ganó una extraordinaria influencia en Felipe V y este no solo acabaría dándole poder, sino el nombre oficial de primer ministro

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Farinelli cantó para el rey todas las noches desde el 28 de agosto de 1738 al 9 de julio de 1746, fecha en la que murió Felipe V. Un total de 3212 noches. Después amenizó las noches de su sucesor, Fernando VI, un melómano que encontró la horma de su zapato en la reina Bárbara de Braganza, infanta portuguesa muy cultivada y amante de las artes. El matrimonio nombró a Farinelli director de los dos teatros de la Corte: el del Buen Retiro y el del Real Sitio de Aranjuez.

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Farinelli y el Retiro

Y como decíamos antes, la relación de Farinelli con el Retiro fue más que estrecha. El Coliseo del Buen Retiro ya fue en su momento un espacio artístico de primer orden con los Austrias. Construido por orden de Felipe IV en 1640 como punto fundamental del Palacio del Buen Retiro, se encontraba ubicado a un lado del Salón de Baile, que sobrevivió milagrosamente a la destrucción del Palacio durante la Guerra de la Independencia y que hoy conocemos como Casón del Buen Retiro.

Algunos de los grandes del Siglo de Oro como Calderón de la Barca y Rojas Zorrilla vieron representadas por primera vez algunas de sus obras en el Coliseo. Pero el recinto languideció tras la muerte de Felipe IV y Carlos II, hasta que Fernando VI ordenó reconstruirlo y convertirlo en el teatro de ópera más importante del siglo XVIII, poniendo al frente a Farinelli.

El teatro, que vio estrenar las óperas más representativas del Barroco, vio reformada toda su infraestructura con el fin de ampliar su capacidad y dotarle de las técnicas escénicas más avanzadas de la época. El aforo del que disponía en el momento era de unos 500 espectadores, 64 de ellos cómodamente instalados en los aposentos reservados para los reyes y sus invitados.

En cuanto a la orquesta, y gracias a los archivos que dejó Farinelli, hoy sabemos que había 16 violines, 4 violas, 4 violonchelos, 4 contrabajos, 5 oboes, 2 trompas, 2 clarines, 2 fagotes y 2 timbales.

“Sin exageración alguna se puede muy bien asegurar que en Europa no hay teatro que iguale al de la Corte de España por su riqueza, y abundancia del escenario y vestuario”, escribió Farinelli.

Se decía que la grandiosidad y barroquismo de las representaciones eran dignas de la mejor de las cortes y así dan fe los óleos que pintó Francesco Battaglioli por encargo de Farinelli.”. Los cuadros se conservan en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid.

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Se decía que la grandiosidad y barroquismo de las representaciones eran dignas de la mejor de las cortes y así dan fe los óleos que pintó Francesco Battaglioli

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Para desgracia de Farinelli y del arte del canto en Madrid, la ópera no despertó el mismo entusiasmo en el sucesor de Fernando VI, su hermano Carlos III, que lo destituyó en 1759 aunque le mantuvo la asignación de 135.000 reales anuales. La siguió cobrando hasta su muerte en Bolonia (Italia) el 16 de septiembre de 1782.

Y es que, amigos de MAD Experiencias, a pesar de que no podremos oír nunca las excelencias de la voz de Farinelli, sí dejó un imborrable legado de su estilo y hoy, en pleno siglo XXI, son múltiples los contratenores que deleitan nuestros oídos, entre ellos el increíble Philippe Jaroussky.

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