El Edificio Telefónica (1926-1929)

Manuel M. Vicente de Spain

A pesar de que actualmente el Edificio Telefónica (1926-1929) está considerado como emblemático y cargado del propio carisma de nuestra ciudad, durante el proyecto y los primeros pasos de su edificación, no fue bien recibido por los madrileños de a pie.

Previsto como la sede de la que era Compañía Telefónica Nacional de España, la prensa del momento tampoco se mostró favorable, apreciando en la construcción un elemento excesivo y avasallador con el caserío heredado de la zona y alrededores. Incluso algún editorial de la época llegó a afirmar que “es el primer fuerte de la colonización norteamericana que se le venía encima a la vieja metrópoli antaño colonizadora”.

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Edificio Americano

Y no les faltaba parte de razón a aquellos que lo llamaban “el edificio americano” porque sí lo era, pero desde luego se confundieron de plano al considerarlo como el inicio de una supuesta invasión estética de allende los mares. El encargo fue del presidente de la estadounidense ITT (International Telephone and Telegraph), una de las grandes operadoras de telefonía del momento con sede en Nueva York de la que Telefónica de España era filial.

El proyecto fue materializado por el arquitecto Ignacio Cárdenas, a partir de los trabajos de su famoso colega estadounidense Lewis S. Weeks, a quien se debe su estructura de acero y elementos de hierro recubiertos de hormigón como protección contra el fuego, Es curiosos que fuera Cárdenas el que finalmente se hiciera cargo de la construcción, ya que su maestro, el insigne Juan Moya, lo rechazó en primera instancia.

El propio Cárdenas cuenta que se trataba de «levantar un edificio que halagase al comprador de acciones y que al mismo tiempo adoptara en las fachadas reminiscencias del estilo español, dado el carácter español  de los servicios que presta la compañía… También en su anuncio. Sin el anuncio fracasan hoy en día todas las empresas que del público viven, y un buen anuncio ha de ser enclavado en el mejor lugar de la ciudad».

 

Imagen de 1926. Solar que la Telefónica acababa de comprar en la Gran Vía por 3.260.140 pesetas (19.600€) Fuente: Fundación Telefónica

La excesiva altura

Pero no solo sería la prensa o personajes importantes de la época los que se colocaron de frente al proyecto; el Ayuntamiento también le puso pegas por su excesiva altura. Sin embargo, y a pesar de todas las críticas y reproches, “poderoso caballero es don Dinero” y las presiones de la compañía lograron que se declarase de utilidad pública, dando vía libre a que pudiera alcanzar los ochenta y un metros de alzado. Si a esto le añadimos que su emplazamiento es la cota más alta de la ciudad, la monumentalidad quedaba asegurada. De esta manera, desafiante en su peralte masivo, esbelto por los remates escalonados y la torre final, se convirtió en la catedral laica de los Tiempos Modernos.

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Números elevados

Catorce fueron finalmente  las plantas construidas, más sótanos y semisótanos además del torreón central. Su marcado estilo racionalista-déco combina de modo atrevido con el diseño barroco español del balcón central, el escudo de la parte superior y los remates de la fábrica, creando un híbrido curioso que años más tarde repetirían los hermanos Otamendi en la plaza de España.

La totalidad del nuevo edificio fue destinada a oficinas de la compañía telefónica, no sin que ya fueran famosas las enormes cifras para la época que desprendía la construcción, y de las que alardeaban los propietarios: 680 ventanas, 501 puertas, tres mil toneladas de hormigón y otras tantas de hierro, dos mil metros cúbicos de granito. El torreón, destinado a depósito de agua, tenía una capacidad de 45.000 litros. La central telefónica atendería 40.000 líneas telefónicas. Durante la obra no se colocó una lona como en el Círculo Mercantil pero sí un porche de madera para evitar caídas de cascotes sobre los transeúntes.

Perspectiva de la época de la Gran Vía con el Edificio Telefónica en construcción.

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Obra finalizada

Una vez terminado, asombró y deslumbró a todos los madrileños. La portada, un homenaje al barroco madrileño que no solo no desentona sino que presta al conjunto mayor solidez, da paso a un vestíbulo grandioso, a la americana, flanqueado por dos puertas giratorias que ya anunciaban el suntuoso interior de materiales nobles: bronce, mármol, cristal.

En 1930 Hipólito Hidalgo de Cavíedes pintó un mapa de España con las antiguas divisiones regionales de Castilla la Vieja y Castilla la Nueva. Y suspendido del techo un reloj grande da cuenta de la importancia del tiempo exacto en la era de los inventos.

Y es que, amigos de MAD Experiencias, el Edificio Telefónica hoy es uno de los más admirados, fotografiados y queridos, con su reloj de neones de color que hace competencia al más clásico de la Puerta del Sol.

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